YNOVAMAS

INNOVACIÓN DE FORMA, PERO NO DE FONDO: reflexiones de alcoba.

“Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos. Elige la salud, colesterol bajo y seguros dentales. Elige pagar hipotecas a interés fijo. Elige un piso piloto. Elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos un traje de marca en una amplia gama de putos tejidos baratos. Elige bricolaje y preguntarte quién coño eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el sofá a ver tele-concursos que embotan la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de puta comida basura. Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo miserable, siendo una carga para los niñatos egoístas y hechos polvo que has engendrado para reemplazarte. Elige tu futuro. Elige la vida… ¿pero por qué iba yo a querer algo así?” (Trainspotting).

Bienvenidos al siglo XXI: el siglo que combina los convencionalismos del siglo pasado con la hipermodernidad de éste. El siglo en el que todos tenemos móvil (con cámara), cámara (con ordenador), ordenador (con Internet), Internet (con Wifi), y Wifi en cada centímetro del territorio. Y quien no, es porque lo tiene todo en un único artilugio. Somos hombres y mujeres libres porque gozamos de libertad individual para poseer y renovar miles de objetos superfluos (que no sabemos cómo funcionan, pero sí sabemos manejar) que calman nuestra insustancialidad y nuestros vacíos morales y espirituales. Vivimos en el siglo XXI, un siglo del culto al envoltorio y abandono del contenido, que engendra mujeres y hombres que no dicen “negro” sino “persona de color”, pero luego se cambian de acera cuando de madrugada, la calle vacía, se cruzan con uno. O aquellos enchaquetados de última temporada que afirman que “las mujeres como las leyes están para violarlas”. O aquellos que se autodenominan “progres” y que luego nos llaman “feminazis” al sentirse atacados cuando hablamos de nuestros derechos y reivindicaciones desde una perspectiva externa al patriarcado.  O aquellas mujeres modernas que afirman estar liberadas por usar a los hombres de la misma manera que éstos las usaron a ellas.

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El siglo XXI contribuye a asentar y perfeccionar todos los cambios sociales y los progresos científicos y tecnológicos que han brotado estos últimos años. Disfrutamos en el presente de las conquistas sociales alcanzadas en el pasado. En concreto, las mujeres de este siglo somos mujeres que votamos, estudiamos, trabajamos, opinamos, decidimos, gestionamos, lideramos ahora también fuera de casa. Como mujeres se nos asigna el entorno doméstico como obligatorio, y como personas se no asigna el mundo del trabajo. ¿Hasta qué punto hemos conseguido desvincularnos de arcaicos estereotipos? ¿Se han transformado completamente las relaciones entre hombres y mujeres?

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Desde una perspectiva etnocentrista, es indudable  que las mujeres del siglo XXI gozamos de una situación social sin precedente en la historia contemporánea. Hoy en día, los seres humanos responden con mayor sensibilidad a las nuevas realidades sociales, elaborando un modelo actual de sí mismos, tomando como referencia comportamientos pasados, desplegados en situaciones parecidas. Es por este motivo que todavía, tanto para los hombres como para las mujeres, resulta muy complicado desligarse de creencias y actitudes tan arraigadas. ¿Qué es ser mujer? ¿Qué es la feminidad? Muchas mujeres piensan que la conquista social de la mujer se realiza cuando ésta adopta las mismas actitudes que los hombres. Vemos a mujeres “liberadas” que utilizan a los hombres de la misma manera que se lo reprochaban a ellos cuando ocurría al contrario. Vemos a mujeres que aspiran a ser como los hombres, a adoptar los mismos roles y las mismas actitudes. Y por otro lado esas mismas mujeres “reivindican” su feminidad perpetuando modelos establecidos: la feminidad pasa por llevar ropa ajustada, explícita, cuidarse al extremo, adornarse con abundante maquillaje y abalorios, cuidarse la línea para mantener una figura esbelta y libre de imperfecciones, y tener comportamientos prácticamente obscenos, todo para despertar la curiosidad de las personas del sexo opuesto. Desgraciadamente, son precisamente estas mujeres que tan “liberadas” se creen las que mantienen viva la llama del machismo y todo lo que esto conlleva.

Las mujeres del mundo del siglo XXI vivimos todavía rodeadas de intolerancia, menosprecio, rechazo, degradación, agresiones y violencia. La violencia de género se entiende como “todo acto de violencia basado en el género que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada” (Declaración de la ONU, del 20 de diciembre de 1993). Hasta el 70% de las mujeres de todo el mundo asegura haber sufrido una experiencia física o sexual violenta en algún momento de su vida; el 80% de las personas que de las personas que se ven envueltas en la trata internacional con fines de explotación sexual son mujeres; de 100 a 140 millones de niñas y mujeres han sufrido y sufren la ablación genital; 60 millones de niñas son casadas antes de los 18 años; 603 millones de mujeres viven en países donde la violencia doméstica no es considerada delito (www.un.org/es). Este tipo de violencia no se limita a un sistema político, económico o cultural específico, sino que ocurre en todas las sociedades del mundo. Es una expresión de valores y normas históricas y culturales que todavía se aplican a través de numerosas instituciones sociales, políticas y religiosas arcaicas que fomentan la discriminación y la sumisión de las mujeres.

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No queda tan lejos de casa, y si no lo creéis, preguntad a las mujeres que os rodean, abuelas, madres, hijas, hermanas, primas, sobrinas, nietas, compañeras, amigas, parejas. Ellas os contarán lo que significa ser mujer en una sociedad aparentemente tan moderna e innovadora como la que vivimos. Os hablaran de “piropos” constantes, de miradas obscenas, de acoso, de estigmas, de falsas creencias, de presiones sociales, de humillación, de miedo. Os relatarán la lucha constante que debemos emprender contra un sexismo silenciado, sutil e hipócrita. Eso, las que tenemos suerte.

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Anaïs

“La mujer, nacida para fabricar hijos, desvestir borrachos o vestir santos, ha sido tradicionalmente acusada, como los indios, como los negros, de estupidez congénita. Y ha sido condenada, como ellos, a los suburbios de la historia. Como también ocurre con los indios y los negros, la mujer es inferior, pero amenaza. “Vale más maldad de hombre que bondad de mujer”, advertía el Eclesiástico.” (Eduardo Galeano)

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